Luego de atender cuidadosamente el relato de varios miles de pacientes que manifiestan sus deseos de bajar de peso, mantenerlo y optar por una mejor vida, y ver que ese ímpetu no es suficiente para llevar adelante ese propósito, que no bastan los deseos, que lo logrado se disipa una y otra vez, he querido encontrar qué hace tan difícil esa tarea, yendo más allá de las explicaciones que hablan de adicción, círculos viciosos, debilidades y hasta costumbres sociales.

Es necesario entender que lo que se pretende es un cambio que abarca mucho más que la mejor apariencia, la alimentación sana o el amor propio. Se trata de diseñar y poner en marcha una nueva forma de vivir, personal y de mi gusto, que movilice mis deseos más íntimos y que tenga la fuerza para oponerse a los miedos, la incertidumbre y la pereza.

Un movimiento así de global y profundo lleva consigo rehacer muchas convicciones, aprender una nueva manera de emocionarse, relacionarse amorosamente consigo y otros, dejar atrás lugares, personas y rutinas.

Tres condiciones son esenciales: Libertad, para ser como se quiera, para atreverse a nuevos mundos, para librase de los pesares del cuerpo y el alma. Conciencia, para percibir los riesgos y evitarlos, para conocer tus atributos y darles acción, para no olvidar nunca que es una tarea con una tremenda recompensa. Responsabilidad, para pensar, decir, sentir y actuar honrando lo aprendido en la experiencia. Conjugando estos elementos se gana entusiasmo y efectividad, dejando atrás ese peso que te impida volar en alas de la satisfacción. Se tiene una oportunidad magnífica para conocerse y transformarse en lo profundo, guiado y acompañado, con la alegría de sanar la propia vida.

Por Antonio Abud